Una primera cosecha
Ana Montrosis, “Tacones bajo la Luna”(Puerto Alegre, 2007)
El primer libro (se dice, entre poetas y escritores) siempre es arriesgado y al mismo tiempo presurosamente querido por el autor, que luego de la segunda o tercera publicación sufre una especie de incomodidad auto-bibliográfica: una especie de noviciado irritante y algo lastimero; así también la primera lectura –al igual que todo lo primero en la vida- es engorroso, prejuiciado, incomodo, doloroso, iluminativo, en definitiva, decisivo para quien lee. El lector distorsiona su visual y baja su presión a medida que deja a la digesta forjar su ejercicio, retrocede
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